Hay una situación muy común en marketing digital:

Tenés una buena solución.
Tenés experiencia.
Tenés resultados reales.

Y aun así, tu contenido no conecta.

No genera respuestas.
No genera conversaciones.
No genera decisiones.

El problema, en la mayoría de los casos, no es la solución.
Es que el público no siente que le estés hablando de su problema real.

Ahí entra el concepto de Problem Matching.

Nadie escucha soluciones a problemas que no siente como propios

Las personas no prestan atención porque algo sea “bueno” o “profesional”.
Prestan atención cuando sienten que alguien describe exactamente lo que les está pasando.

Si tu mensaje no refleja:

  • Su frustración

  • Sus bloqueos reales

  • Sus intentos fallidos

  • Su contexto cotidiano

  • Su forma de hablar del problema

Todo lo demás suena a ruido.

Aunque técnicamente tengas razón.

Qué es realmente el Problem Matching

Problem Matching no es decir “sé que tenés este problema”.
Eso es superficial.

Problem Matching es demostrar que entendés el problema mejor que la propia persona, usando:

  • Sus palabras

  • Sus ejemplos

  • Sus errores habituales

  • Sus miedos no dichos

  • Sus justificaciones internas

Es cuando el lector piensa:

“Esto es exactamente lo que me pasa.”

Recién ahí tu mensaje empieza a ser escuchado.

En Paraguay esto es todavía más evidente

En nuestro contexto, la gente no responde a discursos genéricos ni importados.

No habla en términos de “estrategia digital integral” o “optimización de funnel”.
Habla de cosas como:

  • “Publicamos, pero no pasa nada”

  • “La gente escribe y después desaparece”

  • “Invertimos en pauta y no sabemos qué funciona”

  • “Todo el mundo vende lo mismo”

  • “Siento que hago mucho y no avanzo”

Si tu contenido no arranca desde ahí, no importa cuán sofisticada sea tu propuesta.

El error más común: empezar por la solución

La mayoría del contenido falla porque empieza así:

  • “La solución es…”

  • “Lo que tenés que hacer es…”

  • “Nuestra metodología permite…”

Pero el cerebro del lector todavía está en otra parte.
Está tratando de entender si lo que decís tiene que ver con él.

Si no hiciste Problem Matching antes, todo lo demás llega demasiado pronto.

Cómo se ve el Problem Matching bien hecho

Un mensaje con Problem Matching:

  • Describe una situación concreta y reconocible

  • Pone palabras a frustraciones que el público no sabe expresar bien

  • Muestra que el problema no es falta de esfuerzo, sino de enfoque

  • Valida la experiencia del otro, sin juzgarla

No promete.
No vende.
No empuja.

Primero acompaña.

Problem Matching no es victimizar, es clarificar

Esto es importante.

No se trata de exagerar el dolor ni dramatizar.
Se trata de nombrar correctamente el problema.

Muchas personas no avanzan porque creen que el problema es uno, cuando en realidad es otro.

Cuando tu contenido logra decir:

“No es que tu producto sea malo.
No es que la gente no quiera comprar.
El problema está en cómo estás comunicando esto.”

Ahí se produce un alivio cognitivo.
Y con él, atención.

Si no hay Problem Matching, no hay “sí”

Antes de que alguien diga:

  • “Me interesa”

  • “Quiero saber más”

  • “Esto me sirve”

  • “Hablemos”

Primero tiene que decir internamente:

“Esto me representa.”

Sin Problem Matching:

  • Tus ideas parecen genéricas

  • Tus consejos parecen obvios

  • Tus soluciones parecen innecesarias

  • Tu mensaje parece uno más

Con Problem Matching:

  • El contenido se siente personal

  • La confianza aparece rápido

  • La autoridad se construye sin imponerla

Usar Problem Matching en cada pieza de contenido

No es una técnica para una landing.
No es solo para ventas.

El Problem Matching se aplica en:

  • Posts cortos

  • Videos

  • Artículos

  • Anuncios

  • Mensajes de WhatsApp

  • Presentaciones comerciales

Cada pieza debería responder a una pregunta simple:

¿Estoy describiendo un problema que mi público reconoce como propio?

Si la respuesta es no, el contenido todavía no está listo.

El mensaje empieza en el problema, no en vos

El cambio más importante es este:

El contenido no empieza en tu marca, ni en tu servicio, ni en tu método.
Empieza en la cabeza del otro.

Cuando lográs hablar desde ahí, todo lo demás fluye.

No porque seas más persuasivo.
Sino porque, por fin, estás siendo relevante.

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